sábado, 2 de julio de 2011

El desempleo y los jóvenes

Alejandra Mendoza



En los primeros días de agosto, la Organización de las Naciones Unidas informó que de acuerdo a las encuestas realizadas por la UNESCO, el 40% de los jóvenes se encuentran desempleados a nivel mundial; también en los primeros días de agosto, una estudiante del Instituto Politécnico Nacional le reclamó a Vicente Fox por la falta de oportunidades para los recién egresados y el presidente le respondió que esa es una de las áreas en las que más comprometido está para lograr revocar esta situación.

Todo esto es preocupante viéndolo en los medios, impresiona que casi la mitad de los jóvenes del mundo están desocupados porque no encuentran trabajo, es preocupante escuchar a Fox diciendo que es responsabilidad de todos el generar empleos, que su equipo está trabajando en esto, pero que las condiciones mundiales no han permitido un despegue de la economía que haga reactivarse la oferta de empleos. Sí, es preocupante escuchar esto todos los días en los noticieros y leerlo en los periódicos, pero más angustiante es para quien lo vive a diario.

Para muestra basta un botón, dice el refrán, así que tomemos como botón a un grupo de cinco amigos universitarios que hace tres años egresaron de la UNAM.

Ellos, tres mujeres y dos hombres, en el año 2000 votaron por el candidato del cambio, por aquel que traería la alternancia, por la esperanza democrática que prometía un crecimiento anual del 7 % y acabaría con la corrupción. Ese mismo año salieron de la universidad, con la ilusión de conseguir un buen empleo, progresar y tener una vida tranquila, formar una familia y poder mantenerla.

Pero, apenas salieron de las aulas, se encontraron con la triste realidad de que empleos había muy pocos, y los que había, eran mal pagados.

Buscaron en todos lados, desde el aviso de ocasión en los periódicos, hasta en las bolsas de trabajo de su escuela, siguieron las recomendaciones de los head hunters y a todos sus amigos y familiares les dijeron que estaban buscando un empleo, para que ellos les avisaran si sabían de alguna oportunidad. Enviaron decenas de solicitudes a las empresas que les interesaban y publicaron sus curriculums en Internet, todo con la esperanza de obtener su primer empleo. Solo que en todos lados les decían lo mismo, “nosotros los llamamos” “Gracias por venir, pro la vacante ya está cubierta” “Todo está muy bien, pero les falta experiencia” etcétera, etcétera.

Apremiados por la necesidad, o presionados por su familia, comenzaron a bajar sus estándares de búsqueda del empelo ideal, aquel en el que aplicarían todo lo que aprendieron en la universidad, para aceptar empleos por debajo de su preparación.

De las mujeres, decididas a no quedarse encerradas en la cocina de su casa, a la que mejor le fue consiguió empleo de secretaria; otra no tuvo más opción que aceptar una vacante de supervisora en una fábrica y la tercera se adelantó a la recomendación del presidente de auto emplearse y puso un puesto de jugos y licuados afuera de su casa.

A los muchachos tampoco les fue muy bien, uno terminó de cajero en un supermercado, mintiendo sobre su educación y diciendo que sólo tenía la preparatoria terminada, pues cuando iba a pedir empleo o le decían que le faltaba experiencia (en los trabajos relacionados con su carrera), o le decían que tenía demasiados estudios para el puesto (cuando desesperado hizo solicitud en una tienda departamental). El otro también se autoempleó y ahora atiende un puesto de periódicos.

Esto es sólo una muestra, todos sabemos de aquellos doctores y abogados que terminaron manejando un taxi o vendiendo en un tianguis. Pocos, muy pocos de los egresados son afortunados y consiguen un buen empleo, los demás deben conformarse con empleos mediocres donde progresar es un sueño; y todavía no hablamos de los que son estafados por supuestos reclutadores que prometen trabajos bien pagados, de medio tiempo y sin importar la experiencia.

Por eso muchos de nuestros muchachos están buscando becas u oportunidades para poder emigrar a otros países, donde tal vez sí sea reconocido su talento, más de uno, los más desesperados, los que no pueden aspirar a una beca porque no tienen para pagar su tesis y no pueden obtener su título, los que no tienen ya dinero no para pagar su pasaporte, están considerando seguir el camino de sus primos lejanos, aquellos que se quedaron en el pueblo cuando sus padres decidieron partir hacia la ciudad para darles un futuro mejor, y pasar la frontera norte, tal vez allá tengan más suerte y puedan progresar como el primo aquel que se fue de mojado y después regresó con camioneta y todo.

Esto es una pequeña muestra de lo que es el desempleo entre los jóvenes profesionistas; sólo son algunos casos de los miles y miles que hay, no podemos ignorar esta realidad y conformarnos con un simple y yo porqué; debemos exigir al gobierno, a los diputados y senadores que se pongan a trabajar y que desquiten los millonarios sueldos que reciben, que hagan las reformas necesarias, que apliquen las leyes, simplemente que cumplan con su función para hacer que el país marche y que cuando una nueva generación de estudiantes egrese de las universidades no vean frustrados su sueños y puedan encontrar un buen empleo. Si ellos no quieres trabajar, yo conozco por lo menos a cinco mexicanos que trabajarían con gusto por la mitad del sueldo que reciben nuestros representantes. Y tal vez tengan una mejor idea de qué es lo que se necesita para que el país funcione. Después de todo ellos viven las encuestas a diario, no sólo las leen entre siesta y siesta.

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